lunes, 11 de octubre de 2010

CAPITULO XVI: ¿FANTASIA?

Me costó unos minutos saber en donde estaba y hacia donde tenía que ir. Visualicé la escalera, mi cabeza se dio vuelta para saber si Nahuel había visto mi patética búsqueda de la salida. Pero en vez de eso me encontré a la pelirroja que me miraba con odio. Me estremecí, ella caminó hacia mí lentamente, puso una sonrisa de odio en su boca y llegó hasta donde estaba yo.
- Hola – me dijo sin quitar la sonrisa perversa de su cara. No emití palabra, estaba aterrada ante esos ojos llenos de rencor hacia mi persona.
- Que poco respeto, ¿no me vas a saludar? Estas en mi casa, no se quien eres y ni me saludas.
- Hoo-ola – tartamudeé.
- No vas a lograr quitarme a Nahuel. Vas a tener una pelea muy dura por estar con él. – sonaba egocéntrica a morir. Subió demasiado el tono y era grosera. Esta vez mi timidez se fue, mi miedo se desvaneció.
- Yo no voy a tener ninguna pelea contigo ni con nadie, no voy a dejar que nadie me hable así, ni me intimide, el va a estar con quién quiera te guste o no. – pareció no sorprenderse, ni siquiera quitó su cara de petulante. Yo estaba muriendo de rabia por no causarle el más mínimo efecto.
- ¡Opa!, la pequeña terminó siendo toda una valiente. – rió con más fuerza.
- No me interesa lo que pienses. – me di media vuelta furiosa como una niña y me fui. Pero ella me agarró de un brazo con tal brutalidad y fuerza que si no la hubiera visto, podría haber jurado que era el campeón mundial en fuerza bruta. Me giró con gran rapidez y me puso cara a cara con ella. Me sentí en una mezcla de susto y sorpresa, me retorcí por el dolor de mi brazo e hice una mueca.
- Mira chiquita, la cosa es así. No estas hablando con cualquier guachita de por ahí, yo que vos me tendría miedo, me alejaría bastante de la casa y de Nahuel. No te hagas la graciosa ni la valiente conmigo, no estás yendo por el buen camino – su rostro estaba lleno de ira, no podía entender como alguien tan bello con una inocencia en su mirada, podría comportarse de esa manera conmigo. Me enfurecí, me negué a que me tratara así, yo no era de esas que se dejan maltratar por cualquiera, al contrario siempre impuse mi respeto. Nunca me gustó llegar a la violencia, pero tampoco me iba a dejar pisotear. Intenté sacar el brazo de una, pero era tan fuerte la pelirroja que no pude soltarme, eso hice dos o tres veces sin quitarle la vista de encima, al igual que ella a mi.
- Me das pena – dijo con la misma cara y me soltó, moví el brazo con fuerza para atrás, me tomé el brazo que estaba todo rojo en signo de protegerlo, no pasó mas de 20 segundos antes de que midiera fuerza y le diera un puñetazo en su rostro, aquel se dio vuelta y se quedó allí, yo estaba expectante a que se volviera a mirarme, esperaba un golpe más fuerte todavía. Pero estaba preparada para la golpiza a pesar de que no me gustara y hacía un minuto le había dicho que no me pelearía con nadie. Volví a sorprenderme cuando empezó a carcajear, parecía que se iba a ahogar. La miré enojada y frunciendo el seño, estaba cada vez más furiosa. Le acababa de dar una golpiza y solo reía sarcástica como si le hubiera hecho un poco de cosquillas. Ella seguía con la cabeza dada vuelta, de pronto me miró con una sonrisa y de repente puso una cara aún más de odio. Ahora si, me iba a comer viva.
- ¡LARA! – gritó Nahuel, me suavice y volví a respirar un poco más. – ¿qué rayos estás haciendo? – ella lo miró y le largó una sonrisita burlona.
- ¿No ves?, estoy poniendo en su lugar a la chiquilla, resultó ser más valiente de lo que creía a pesar de que no tiene ni un poco de fuerza. – Nahuel se acercó hacia mí y se puso entre los dos, sus facciones ya no eran tan bellas, estaba como un león a punto de atacar. Ella no se inmutó, seguía allí sonriendo como si nada le importara.
- No la vuelvas a tocar, si le pones otra vez una mano encima yo mismo te mataré con mis propias manos ¿lo entendiste?
- Simplemente le tomé el brazo, no tengo la culpa de que sea una niñita sensible, – se reía mientras se daba vuelta y se iba por donde había venido. Nahuel la contempló enojado hasta que la perdimos de vista al introducirse en uno de los cuartos, a penas se escuchó el sonido de la puerta y el me miró preocupado.
- ¿Estás bien Alma?, te hizo algo – negué con la cabeza. Claramente mentía. Me miró el brazo que volví a proteger con una de mis manos. - muéstrame
- Estoy bien
- Muéstrame – repitió esta vez sin la voz amable. Destapé mi brazo, no quise voltear de seguro ya se me había formado un moretón con la piel tan estúpidamente sensible que tenía. – ¡Alma! – se escandalizó – estas sangrando – lo miré sorprendida. ¿Sangrando?, ¿cómo que sangrando?, sino me cortó, solo me agarró. No podía tener tanta fuerza esa mujer, me había apretado hasta el punto de hacerme sangrar. – ven vamos al baño que te voy a curar. – me tomó de la mano y me llevó con cuidado hacia otro de los cuartos por donde yo había pasado, el baño era celeste con tonos de blanco en algunos lados, tenía un jacussi como para cuatro. Todos los accesorios comunes de un baño, el lavamanos era enorme de marfil con un espejo que llegaba de punta a punta, el cuarto era tan grande como mi cuarto. Podía vivir perfectamente en él. Nahuel tomó una caja blanca de uno de los cajones del armario que se encontraban a un costado del lavamanos, claramente era un botiquín de primeros auxilios al ver la cruz roja encima de ella. Sacó algunas cosas para curarme, tomó gasa, una tijerita, algodón, cinta.
Me miró y sonrió en modo de tranquilizarme, obviamente funcionó, le devolví la sonrisa, luego recortó un largo trazo de gasa y lo colocó tiernamente sobre mi herida, sin que me doliera y le agregó la cinta para sostenerla. . Al acabar de curarme me besó en donde se encontraba la herida y luego la frente.
- Finito. – me dedicó una guiñada – disculpa lo que te hizo Lara, sinceramente tendría que matarla, te lastimó demasiado.
- No te preocupes, tú no tienes la culpa.
- Claro que la tengo, por mi te hizo eso. – bajó la cabeza en señal de tristeza y arrepentimiento. – de verdad, esto lo va a saber mi padre no te preocupes, la va a castigar como nunca en su vida. No concibo que clase de pensamiento se le pasaba por la cabeza para hacer algo así.
- Todo esta bien, de verdad. Ella lo que quiere es que flaquee y no pretendo hacerlo. – me lanzó otra sonrisa.
- Si que eres valiente, en eso tenía razón Lara. - volvió a sonreír, yo también, pero lo hice de una manera orgullosa por poder no mostrar abatimiento ante la pelirroja.
- Ahora si me voy. – esta vez me acompaño a la puerta no quise decirle que no, no quería encontrarme otra vez con aquella pelirroja ni con nadie más, mi idea era salir viva o por lo menos caminando erguida de ese lugar. Guardó las cosas del botiquín y lo puso de nuevo en el armario. Me tomó de la mano otra vez, me sonrojé, pero a el no se le movió ni una médula, parecía como si lo hiciera desde hace años a eso, tan natural para él que me hizo esbozar una sonrisa por lo bajo para que no se diera cuenta. Fuimos caminando en silencio hasta la puerta.

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