martes, 14 de septiembre de 2010

CAPITULO XIII: OTRA MAS

- Se que parece extraño y raro, pero no pierdo nada. No quiero que lo decidas ahora, cambié mi boleto para mañana a las cuatro de la tarde, no quiero tampoco que me respondas, quiero que lo pienses. Yo te voy a dar este boleto que es también para mañana y te voy a esperar en la terminal hasta que sea la hora. Si quieres ir ve y sino no lo hagas, pero no me llames ni nada, yo lo sabré en el momento.
- Pero...
- No por favor, no me respondas ahora. De verdad, aunque tengas la respuesta, déjame soñar hasta mañana y pensalo. Ahora me voy a ir, disculpa que te deje así pero pensaba pedírtelo al final del almuerzo pero no me aguanté y ahora no puedo estar mirándote luego de la propuesta que te acabo de hacer, y tampoco sería nada cómodo para vos. No me digas nada. Adiós Alma. – fue hacia el mostrador, le dijo algo al administrador, pagó y se fue, me tiró un bombardeo de cosas que se me metieron en el alma y se fue. ¿Qué iba a hacer ahora?, no estaba tan segura de no ir. Nahuel estaba en mi cabeza, pero tampoco podía dejar de ir por alguien a quién había conocido hace unos días, que era extraño y que no tenía idea de si realmente lo que me estaba diciendo era verdad.
Me limité a esperar mi comida, me quedé extenuada todo el rato, a penas me movía para comer y tomar un poco de refresco. Ni siquiera fui capaz de responderle al camarero cuando me vino a preguntar si necesitaba algo más, me miró por unos segundos esperando una respuesta hasta que se dio cuenta que eso nunca iba a pasar y se fue.
No podía irme con él, tenía mi vida hecha aquí, tengo mi facultad, tengo mi familia, nunca me gusto estar muy lejos del pueblo. Pero también es una buena forma de progresar, pero si me voy con él sería afirmar que lo amo y que quiero pasar mi vida con él, cosa de la que no estoy segura, y sino lo estoy no creo que sea ese mi destino.
Era muy tentadora la propuesta, pero ya había decidido, no necesitaba pensar tanto sobre eso, ya sabía cual era desde un principio, pero Gabriel tiene el derecho a que por lo menos lo piense. No había mucha alternativa, tenía que volver a rechazarlo. Era un campeón en masoquismo. No quería ilusionarlo yendo a la terminal, pero quería ir a despedirme de todas maneras a pesar de que él me dijera que no fuera, ni lo llamara, sino era para irme con él. Esto era un círculo vicioso que tenía que parar.
De todas maneras tenía hasta mañana para decidir si ir o no, ahora tenía una investigación por delante. Era horrible que tuviera en la cabeza más latente a Nahuel que a Gabriel, pero necesitaba saber todo lo que pudiera.
Me fui al auto y marché a casa, visualicé una nota de Manuel pero no quería perder tiempo, subí las escaleras y tomé la computadora portátil de mi hermano. Volví a mi auto y me fui otra vez, esta vez marché hacia el bosque, quizás podría visualizar algo más desde allí mientras intentaba buscar algo. No sabía que, ni siquiera estaba segura de que el estaría en Internet, pero si sus padres tienen un comercio, quizás tendrían otro por algún lugar o hablaría de este y de ellos.
Me adentré en el bosque para que nadie pudiera verme desde la casa, pero también para yo poder visualizar si algo pasaba por allí. Me senté en el pasto, prendí la computadora y empecé a buscar información. No encontré nada, ni siquiera de el baile que pusieron en el pueblo, de todas maneras no me sorprendió ya que a nadie le importaba si pusieron o no algo nuevo en Baja Primavera, el ochenta por ciento de la gente en el mundo no sabe ni siquiera que este lugar existe. Me acosté hacia atrás defraudada de no encontrar nada.

Varias horas después mientras miraba la tele con Manuel se me ocurrió un plan, descabellado hasta las médulas, pero hasta ahora no encontraba una mejor manera.

Si la familia se había ido toda para la ciudad y solo quedaba la empleada, podría entrar cuidadosamente sin que nadie me descubriera.

Esperé que anocheciera y convencí a Nahuel de que me iba a pasear a la plaza con mis amigos, y marché hacia la casa de Nahuel.

Dejé el auto lejos de la casa para que no se viera desde ningún punto, ya no tenía solo que asegurarme de que no se viera desde la casa sino de todos lados, para que nadie sospechara. Lo dejé detrás de unos arbustos bastante grandes que lo tapaban por completo. Caminé hasta la casa, busqué por un rato algún lugar seguro para entrar hasta que vi una ventana un poco alta pero lo suficiente para no ser peligrosa. Me trepé como pude, miré si alguien se encontraba adentro y me metí. Caí abruptamente al piso y me di un golpe en la cabeza, festejé el hecho de que esta vez no me había desmayado. Me levanté sosteniéndome todavía la cabeza por el dolor que me había causado y me miré la mano para ver si tenía o no algo de sangre. Negativo, estaba correctamente, si tenía alguna contusión interna no me había enterado, tampoco me preocupé. Miré el cuarto, era de color rosa, todo rosa, de la misma manera que aquel gran salón se vestía de un blanco intenso, este lo hacía de un hermoso rosa claro. La cama estaba contra una pared, sus mantas eran acolchonadas del mismo color que todo lo demás, tenía un gran armario con puertas corredizas, un baño propio y todo estaba enloquecidamente ordenado.

Intenté no maravillarme con el cuarto, debería de ser de alguna de sus hermanas o algo por el estilo. Asomé la cabeza por la puerta para asegurarme de que no había nadie, caminé por un gran corredor, esa casa era más grande de lo que me había imaginado. Estaba lleno de cuadros y esculturas hermosas y muy antiguas.

Abrí lentamente cada puerta que iba encontrando, descubrí dos baños, un cuarto matrimonial de color amarillo, su cama era de otro tono de amarillo un poco más oscuro; no vi más, no estaba con tiempo de sobra como para ponerme a ver los detalles. Quería encontrar algún cuarto donde pudiera sacar información. Hasta que abrí uno que era totalmente diferente, no era de un solo color en diferentes tonos como todos los otros. Este tenía varios colores, todos muy diferentes y hermosos. En este quise entrar y averiguar. Pero algo quebrantó mi curiosidad, alguien estaba subiendo la escalera. Miré para todos lados para encontrar algún lugar en donde esconderme por si se le ocurría entrar a este cuarto, miré para todos lados y divisé un armario muy parecido al del cuarto rosa. Entré rápido, mientras miraba por una de las rejillas. Alguien entró. <<¡¡Genial!. Como si no tuviese más cuartos a donde ir, eran como mil cuartos y se le daba por entrar a este.>>, refunfuñé. Volví a concentrarme y miré nuevamente por la rejilla, con cuidado de que no me descubran. Para mi sorpresa era Nahuel. ¿Habría vuelto de su viaje o simplemente nunca se fue?

CAPITULO XII: ENLOQUECIENDO

Me limité a ir hacia la camioneta, mi hermano me preguntó que había pasado y le conté lo que aquella mujer me dijo, no estaba del todo convencida de que aquello hubiera sucedido como la mujer dijo, algo me decía que me estaba mintiendo. Intenté prestarle atención a Manuel mientras hablaba sobre los “malditos periodistas”, no quería que supiera o intuyera de que me traía un plan entre manos. Estaba pasando algo allí, tenía que saber que. Todo era muy raro con respecto a Nahuel y a su entorno, no me podía quedar con los brazos cruzados. No me lo iba a permitir a mi misma; tenía que averiguar que había pasado y que era lo que ese chico me estaba haciendo sentir a mí.
Miré la hora, no había pasado mucho tiempo de todo esto, eran las once treinta. Tenía la cita con Gaby todavía y no podía dejar de ir. Faltaba una hora, me daba tiempo para ir a mi casa y cambiarme, ponerme más cómoda. Ya mi ropa estaba sudada por el nerviosismo que me había venido, por suerte el deportivo me ayudó; pero me quería bañar y ponerme aceptable para Gabriel. Quería meterme en el papel de chica tranquila que nada tiene en la cabeza, nada más que para él. Me bañé, tomé un vaquero negro, una remera violeta, championes y me abrigue con un buzo, y una campera. Ahora estaba más frío de lo normal, no podía dejarme enfermar. Tenía una investigación por delante luego de ver a Gabriel.
Manuel me cuestionó varias veces a donde iba, no tuve más remedio que decirle, se enojó por un momento, todo el pueblo sabía que se iba por mi causa a pesar del gran trabajo que estaba aceptando y el gran futuro que tenía por delante. Debería de saber también lo que había pasado ayer. Me impuso un par de veces que no me podía ir, pero rápidamente lo despaché alegando que todo era culpa de una mentira periodística, no tuvo más remedio que dejarme ir.
- Alma. – me gritó cuando estaba por subir al auto. Su rostro pasó de un hermano celoso a un amigo lleno de tristeza, a pesar de la pelea y los celos, el quería mucho a Gabriel y se sentía también como yo de alguna manera culpable de que se marchara o mejor dicho arrepentido. No solo porque era mi hermano, sino porque no habían tenido la mejor relación en los últimos tiempos ya que sus celos le ganaron a cualquier otra actitud buena con un gran amigo. Sabía que a pesar de que me amara, me tenía un poquito de rencor porque se estaba yendo de alguna manera por mi culpa. Igual no me lo iba a decir, lo conocía, mi hermano también entendía lo que yo sentía, y entendía que no me podía quedar con el solo por el hecho de que no se fuera.
- Lo voy a cuidar no te preocupes Manu. Es tu amigo, no lo vas a perder aunque se vaya lejos. Lo sabes. – me miró sorprendido, el siempre creyó que yo no le prestaba atención. Que mi hermano favorito era Emi y que el solo era un rompe cocos; lo era, pero los amaba por igual. Se sonrojó, se puso nervioso de un momento para el otro y se limitó a decirme “Gracias” tartamudeando, bajó la cabeza y volvió a la casa.
Me quedaban un par de minutos todavía, pero no quería llegar muy sobre la hora ni tampoco tarde. Así que intenté ir como pude y llegar como llegara.
Estacioné delante del bar, no lo vi del lado en donde había estado Nahuel antes, me bajé y fui hacia la puerta. Miré para todos lados y no lo divisé, me dediqué a sentarme al contrario de la vez anterior. Me pedí un refresco y me puse a garabatear con mi dedo la mesa, mientras pensaba en que iba a hacer con la investigación sobre Nahuel, saber quién era el, saber que pasó. Estaba obsesionada, pero tenía que saberlo, no me iba a quedar con la inquietud.
- Alma– miré y ahí estaba Gabriel, con esa sonrisa que yo tanto anhelaba. Su voz volvió a ser tranquila y serena, me estremecí. Se me olvidó todo por un momento. Cada vez estaba más y más confundida. Asentí. - Disculpa la demora tuve que terminar de armarme el bolso y envolver un par de cosas, así podía estar tranquilo y pasar más tiempo por el pueblo.
- Está bien. ¿Quedaste en verte con tus amigos después del almorzar conmigo?
- Si, la verdad que si. Quería quedarme con vos toda la tarde, pero ellos se merecen que también les de su tiempo – lo dijo sin ganas.
- Claro que si. Ellos se merecen todo el tiempo del mundo, ellos si que si. – lo dije con severidad, tenía que hacerle entender que ellos eran más importantes que yo. No era la prioridad, ellos si lo eran, siempre estuvieron a pesar de todo.
- Lo se, pero tu también. – ambos nos quedamos callados, no quería que nuestro almuerzo se desarrollara de esta manera. Por suerte rompió otra vez el hielo. -
- Vamos a pedir algo para comer, me muero de hambre. Todavía ni siquiera eh desayunado. Necesito un poco de alimento. – sonreí un poco sin ganas, estaba demasiado nerviosa como para largar una carcajada o ponerle un poco más de humor a la cosa. Pero tenía que hacer mi esfuerzo.
Nos pusimos a mirar las cartas, cada uno con la suya. De vez en cuando nos mirábamos de reojo, en realidad yo ni siquiera estaba leyendo nada, estaba más preocupada por lo que le iba a decir. De pronto se me puso a mirar fijamente, yo no lo miraba, no tenía ganas de encontrarme con sus ojos, de seguro me iba a sonrojar demasiado e iba a soltar también algún signo de dolor y de nostalgia. No quería hacerlo más difícil, pero el tampoco me lo estaba haciendo nada fácil.
- ¿Ya sabés lo que quieres? – me quedé atónita, estaba distraída. Le dije algo que seguramente estaba a pesar de no haberlo leído, por suerte venía siempre a este bar porque sino iba a caer en la vergüenza de tener que volver a leer. – si, una milanesa con papas fritas y una coca. - Asintió y llamó al mozo, que por suerte esta vez no era Cristian, ni nadie que me conociera. Bueno en realidad no profundamente.
El mozo tomó nuestros pedidos y luego se marchó. Nos quedamos mirándonos un rato más. El ambiente se estaba poniendo un poco tenso, ya no era nada saludable para el ni para mi. No era como las otras cuando estábamos callados pero confortables, ahora me sentía incómoda y no me gustaba, era la última vez que nos íbamos a ver y no era un buen recuerdo el que íbamos a tener.
- Alma, disculpa que este sin hablar, es que en realidad como te debiste de dar cuenta estoy un poco nervioso. Necesito preguntarte algo que es sumamente importante para mí – preferiría ahora la incomodidad antes de que me preguntara algo.
- Si, decime, ¿qué es lo que necesitas preguntarme? – se lo dije de la forma más tranquila y paciente. A pesar de que yo estaba cada vez más nerviosa.
- ¿Vos me querés a mi? – bueno, creí que iba a ser mucho peor. Era algo fácil de responder.

- Claro que si. Sabés todo lo que te quiero, te amo en mi forma. Pero eso ya lo sabías, ¿por qué me lo estás preguntando verdaderamente?

- En realidad no es eso lo que quiero preguntarte, pero no me apures, esto no es fácil para mí. ¿No hay ningún tipo de posibilidad de que vuelvas a querer estar conmigo? O sea, más adelante, quiero decir que ¿si tus sentimientos, son de amistad hacia mi ahora o te atraigo de todas maneras, y ahora estas confundida? – eso también me lo podía llegar a esperar. Tampoco me sorprendía la pregunta.

- Es como yo te dije, me atraes; pero si estoy confundida, no es entonces verdaderamente lo que quiero, pero tampoco la idea es hacerte esperar ni nada por el estilo, porque yo quiero que vos seas feliz. A pesar de que me digas que sos feliz a mi lado, yo no quiero estar tampoco con vos para hacerte solamente feliz a vos, olvidándome de mí, ni tampoco quiero engañarte. Porque es una forma de engañarte estando con vos solo por hacerte feliz. ¿Me explico?

- Si, claro que te explicas. Pero de todas maneras respondes lo que yo quiero que respondas, o lo que yo deseo que respondas.

- No entiendo de lo que me estás hablando.

- Me gustaría que te vengas conmigo a California Alma. – mi cara se transformó desde todos los ángulos. Ahora si que me estaba volviendo loca y había escuchado que el quería que yo me vaya con el. Pero si se estaba yendo por mi culpa, como me iba a pedir que me fuera con él. Sabiendo de que yo no estaba segura de estar con el. Para eso se quedaba y listo. No tenía sentido. Pero tampoco pude decir nada, solo me quedé mirándolo boquiabierta.

sábado, 4 de septiembre de 2010

CAPITULO XI: PREOCUPACION

- ¿Dónde carajo estabas Alma? ¿Por qué no me atendiste? ¿Cómo te vas a ir de esta manera y sin decirme a donde? ¿Por lo menos me hubieses dejado una nota diciéndome algo? Esta bien que no quieras que yo te moleste, esta bien que yo sea pesado y celoso, cargoso y todo lo que quieras. Pero vivimos juntos, serás mayor de edad, pero mamá nos dejó uno a cargo del otro. Te guste o no estamos conviviendo y tenemos que estar en contacto, no me digas a donde vas, pero por lo menos avísame que te vas y avísame si estás bien. Nada más te pido Alma, nada más.

Me quedé helada, jamás me había hablado de esta manera, realmente preocupándose por mí sin ser intermediario los celos. Tenía razón, después de todo tenía razón. Por más que le avisase a mamá de que yo no estaría, ella estaba lejos y el estaban ahí. Me sentí mal. Ahora si que había actuado pésimo con él.

- Discúlpame, tenés razón. Esta vez la tenés, realmente no es mi intención que te sientas así, pero es que siempre eres tan celoso y sobre protector, que a me fastidias.

- Lo se, pero no estamos hablando de eso ahora. No es normal que te vayas a estas horas, ¿qué puedo llegar a pensar yo? Claro que me voy a preocupar Alma, cualquier persona normal que quiere a otra, se preocuparía.

- Claro que si. Pero nunca habías reaccionado de esta manera, yo se que te preocupas por mi. ¿Pero algo más pasa?

- Mira Alma. En otro momento esto no me preocuparía tanto porque se que eres responsable y que sabes cuidarte. Pero esta vez va más allá de eso, algo malo pasó hoy.

No entendía que era lo que me decía; no sabía realmente si estaba hablando de verdad o solamente para asustarme, e intimidarme para que no saliera más.

- ¿De qué estás hablando? ¿Algo malo?

- Hoy en la mañana hablaron en la radio sobre un asesinato...

- ¡¡¡ASESINATO!!! – lo interrumpí – ¿de que carajo estas hablando? ¿Quién murió? – obviamente alguien conocido, todos nos conocíamos entre todos en este pueblo. Eso me asustó.

- No se quién es, es alguien nuevo que llegó hace poco. – ¡¡Nahuel!! Fue lo único que pude pensar. Me puse histérica.

- ¿Cómo se llama? – grité, asustada de lo que me estaba diciendo, <>, me decía por dentro llena de tristeza

- Calma Alma. No es tu amigo. –claramente entendió por donde venía mi preocupación, obviamente ya sabía de él por el baile y anda a saber que otro chusmerío más, aunque eso ya no importaba ahora, nunca importó en realidad. – es alguien mayor según las noticias, un anciano de unos ochenta y un años, creo que es alguien de su familia. Deberías llamarlo o algo. – muy tranquilamente, demasiado a pesar de sus celos, aunque hubiera muerto quien hubiera muerto, de todos modos el nunca se iba de su papel.

- Si, tienes razón. Me voy Manuel, me voy hasta la casa, yo no tengo su número.

- ¡¡No!! De ninguna manera, vos no vas a ningún lado. ¿Qué te acabo de decir?

- No me importa, no puedo quedarme acá mientras sepa que alguien cercano a él murió, debe de estar muy mal.

- Pero, tranquila. Hace cuanto lo conoces, ¿es para tanto?. Quizás quiera estar solo, o con su familia nada más Ali. –a pesar de que podía llegar a tener razón, necesitaba imperiosamente saber que estaba bien.

- No interesa. Necesito ir, quiero saber si esta bien. No importa cuanto lo conozca, lo importante es que lo aprecio mucho y fue muy bueno conmigo siempre Manuel. Deja esos sobre cuidados de lado y déjame ir en paz.

- Te acompaño.

- No, no, no de ninguna manera. Yo voy sola, no quiero que estés ahí. No se como vas a reaccionar, te conozco y...

- ...Alma, no soy un mounsturo. Se le acaba de morir alguien, obviamente que me voy a comportar, solamente déjame que te lleve, así me quedo un poco más tranquilo. Por favor. – suspiré, no me importaba ahora, necesitaba ir, si esa era la condición, de acuerdo.

- Vamos. – prácticamente corrí hacia mi auto

- En el mío Alma.

- ¡¡NO!!!, quiero ir en el mío, quiero conducir yo.

- No te pienso dejar manejar de esa manera, quiero tu seguridad te lo acabo de decir.

- Bueno, bueno esta bien, vamos en tu auto. – corrí hacia el garaje, subimos a su auto y fuimos todo el viaje callados. Estaba muy nerviosa, quería saber que el estaba bien, era lo único que me importaba en ese momento. No se porque me sentía tan mal, tan miedosa de que el estuviera herido de cualquier forma. Me estaba volviendo sinceramente loca.

Llegamos a la casa y no divisamos a nadie afuera, no había autos, no había absolutamente nada. Me bajé; mi hermano iba a hacer lo mismo, pero una mirada fulminante lo hizo arrepentirse. Fui hasta la casa rápidamente a tocar el timbre, me volví hacia el auto en dos ocasiones, pero me armé de valor y volví a caminar hacia la casa.

Toqué el timbre tres veces y nadie me atendía, así que decepcionada me di media vuelta yéndome otra vez hacia el auto. En ese momento alguien abrió la puerta; no era ninguna de las personas que yo había visto ayer. Era una mujer de pelo negro, con la tez rosa, con ojos marrones oscuros, una persona normal. Nada que ver con aquellas hermosas personas que había visto, incluyendo a Nahuel. No debería ser de la familia.

- ¿Si? – me dijo la mujer, con una voz muy dulce y amable.

- ¡Eh! Hola. Soy Alma, amiga de Nahuel, quería saber como se encontraba.

- El no está. Se fue con la familia a la ciudad a pasear. – mi cara ya no era de tranquilidad fingida, ahora era de sorpresa.

- ¿A pasear?, pero yo oí en la radio que un familiar había tenido un accidente. – la señora me miró y me dio una sonrisa amable

- No señorita, nada ha pasado. Todos están bien, la radio dio una falsa noticia. No ha pasado nada de lo que preocuparse.

- Ah, esta bien. ¿Y cuándo vuelven?

- No lo se, quizás por unos días estén en la ciudad. Siempre hacen eso.

- Bueno, muchas gracias.

- Por nada señorita. – y cerró la puerta suavemente. <Maldita sea, radio de porquería que daba noticias falsas. Menos mal que él no estaba, que vergüenza hubiera pasado con esta cara de desesperación y preocupación>, refunfuñé.

martes, 31 de agosto de 2010

CAPITULO X: DUDANDO

Esa noche no pude dormir. Tenía ganas de ir corriendo a la casa de Gaby, no podía dejar todo así. Y no era porque me sentía la peor persona, sino porque yo no quería que el se sintiera mal, ni pensara lo peor de el mismo. Lo conocía, sabía que no se iba a sentir bien con él e iba a pensar en mis sentimientos. Lo mismo que hacía yo últimamente, pensar en mí.
En algún momento sin darme cuenta caí en la inconciencia, me desperté luego para descubrir que todavía era noche. Miré el reloj y era casi de madrugada. Me preocupé, nunca jamás me despertaba en el medio de la noche, lo normal era que durmiera profundamente hasta que sonara la alarma. Debería ser mi conciencia.
Me levanté, fui hacia el baño muy cuidadosamente para que Manuel no se despertara, me duché a ver si de esa manera me tranquilizaba un poco, tomé la toalla y me envolví en ella. Me fui a mi cuarto, me vestí con unos deportivos y me marché hacia el garaje para subir a mi auto, e irme a algún lugar. Todo lo hice lentamente esperando que amaneciera; no sabía a donde podía ir a las siete de la mañana. Manejé hacia el pueblo, fui al bar de siempre y tomé un café esperando que las horas pasaran. Ya eran cerca de las 9 cuando sonó el celular al subir al auto para volver a casa, era Manuel, debería de estar preocupado preguntándose a donde me había ido tan temprano. Pero no atendí, no tenía ganas de explicarle nada. Le mandé para decirle donde estaba.
Pensé muchas veces en ir a lo de Gabriel, se iba a ir hoy, quería por lo menos despedirme. Otra vez. No quería dejarlo ir, pero tenía aguantarme, ya lo había lastimado bastante.
Volvió a sonar mi celular, pero esta vez me quedé boquiabierta, era Gabriel. Habría leído mi mente seguramente, él y yo siempre tuvimos una especie de telepatía. No sabía si atender, dudé, pero atendí.
- Gabriel – le dije rápidamente.
- Alma, ¿qué haces levantada a esta hora?
- ¿Cómo? ¿Qué es esa pregunta? ¿Cómo sabes que yo no estaba durmiendo y me despertó el celular?
- Jamás me atendiste cuando te llamaba a esta hora, nunca fuiste buena para despertarte con ruidos como estos, dormís con una piedra.
- Entonces ¿por qué me llamaste si sabías que no te iba a atender?
- Pensaba dejarte un mensaje de voz, no pretendía realmente hablar contigo ahora.
- Entonces llámame de nuevo y me dejas un mensaje de voz, así no tenés que escucharme, o me hubieras mandado un mensaje y listo problema resuelto – hablé enojada, totalmente egoísta de mi parte, no era suficiente lastimarlo, sino ahora por una tontería lo iba hacer sentir culpable.
- No Alma, sabes que no me gusta el trato tan impersonal; yo quería que fuéramos a almorzar juntos. Por eso te llame, eso te iba a dejar en el mensaje.
¿Almorzar conmigo? Entendía que se iba a ir lejos y no sabía cuando podíamos volver a vernos, pero creí que lo de ayer era un adiós más sano y no querría lastimarse más. Era masoquista. No pude decirle nada. - Quería pasar contigo antes de irme, se que las cosas no son fáciles y que quizás sea incómodo para vos, y para mi. Pero sino quieres solo dilo, de todas maneras no nos vamos a ver por un buen tiempo. Así que preferiría tener un último encuentro; se que suena demasiado melancólico y dramático. Pero es lo que me gustaría, como última petición y si vos estas obviamente de acuerdo.
No estaba realmente tan sorprendida después de todo; pensando un poco en como él era, me tendría que haber imaginado que esto iba a pasar.
No pude hacer otra cosa que aceptar, decidimos encontrarnos a las doce y media en el bar de siempre, estaba contenta pero confusa, aquello había sido demasiado para mi, yo no me merecía que pasara ese tiempo conmigo, pero si era lo que el quería y le haría bien, yo no me iba a negar, también me gustaba la idea.

Volví a casa. Sabía lo que me esperaba, mi hermano ahí, enojado, preocupado y con ganas de no dejarme ir a ningún lado. De todas maneras, como siempre no le iba a prestar atención, ya eran las diez treinta, me quedaba un tiempo todavía para despachar a mi hermano.

Abrí la puerta suavemente, quizás tenía suerte y se había vuelto a acostar, después de llamarme unas diez veces más mientras venía para acá.

Pero no, yo no iba a tener tan buena suerte, y menos cuando realmente la necesitara.


CAPITULO IX: NO TE VAYAS

- ¿Qué? ¿A dónde? ¿Cuándo? ¿Es por mi causa verdad? No te puedes ir, yo me iré. Claro que si, no te tenés que ir vos, yo me voy. Si claramente me voy yo. – comencé a hablar sin sentido.
- No Alma. Conseguí un trabajo como profesor en una Universidad de California. Me ofrecieron buen dinero, un lugar para estar y lo único que me tengo que pagar es el viaje. Todo ya esta arreglado.
- Pero... ¿Cómo? – mis ojos no podían dejar de llenarse de lágrimas, las cosas ya eran mucho más lejanas para mi entendimiento. Ya todo se estaba transformando en lo que no quería.
- Me lo habían propuesto hace tiempo ya, pero por razones prácticamente obvias no quise irme, no quise decirte porque sabía que me ibas a decir que fuera, pero yo ya lo había decidido así que no quise discutirlo; pero ahora ya no tengo nada más que hacer por aquí y acepté. Me voy mañana a la tarde.
- No quiero que te vayas, no te vayas. – su cara ya no era solo de tristeza, sino de sorpresa. Tanto como la mía, ¿qué estaba pidiéndole? Tenía un gran futuro por delante, no lo había aceptado, claramente porque estaba conmigo. Ahora que yo lo había dejado, estaba libre para seguir con su carrera. Tenía una gran oportunidad entre manos, una vez la dejó por mi culpa, ahora no podía dejarla por mi egoísmo de no perderlo. Cuando no quería volver claramente con él, o por lo menos era lo que yo creía. Esta era la prueba final, tenía que dejarlo ir, sería genial para el estar lejos de mí y haciendo algo que le gusta, y lo que va a lograr que sea mejor profesionalmente.
- ¿De qué me hablas Alma? Si tú no quiere estar más junto a mí.
- Pero es que tampoco puedo estar lejos de ti – si, indudablemente estaba totalmente loca, estaba volviéndome egoísta. "¡¡Déjalo ir Alma!! ¡¡Déjalo ir!!"
- Ahora si que estoy confundido. No entiendo que es lo que quieres Alma. No juegues conmigo.
- No, no estoy jugando. Yo te quiero, no quiero que te vayas.
- ¿Vas a volver conmigo? – "bueno, ¿ahora que le ibas a decir? ¿Querés volver con él?" En ese momento se me pasó Nahuel por la cabeza. No sabía que hacer, quería a Gaby, pero sentía algo especial por ese chico que conocí hace un par de días atrás. No tenía sentido eso, pero era así. No podía decirle que si, de todos modos mi confusión data de antes de que Nahuel tuviera algo que ver, así que no podía negar que mi confusión no era solo un capricho por el nuevo chico. Pero tampoco podía decirle que no, porque se iría. No podía ser tan egoísta, tenía que terminar con esto.
- La verdad es que mejor es que te vayas, las cosas van a estar mejor así. No quiero darte falsas esperanzas, para que te quedes y al final pierdas una oportunidad como esta, y yo como una niña caprichosa te diga que no o algo así. Es mejor que tomes el trabajo y hagas lo que tenés que hacer. No me hagas caso a estos ataques de egoísmo. – "
bien, al fin hiciste una bien Luna, las cosas se te estaban yendo de las manos. Fue lo mejor que pudiste hacer", me seguía diciendo a mi misma, en cualquier momento creería que mi cordura ya estaba lejos del pueblo.
- Es lo más sensato. No quiero volver a despedirme de ti, ya tuvimos esta conversación y me quiero quedar con ese momento. – seguía triste, pero ahora estaba entregado a un final.
- Yo igual. Discúlpame. No quería causar todo esto.
- Las personas terminan todo el tiempo. Es parte de la vida Alma, no te sientas culpable. El tiempo ya hará lo suyo. ¿Vamos?
- No, yo me quedaré aquí un rato más. Me gustaría pensar un poco y este es un excelente lugar.
- ¿Segura? No, mejor no, te llevaré a tu casa o a tu auto para que te vayas, supongo que viniste en él, a pie tan rápido lo dudo. ¿O te trajo alguien? – preguntó temeroso
- No, no. Vine en mi auto. Pero de verdad, por favor, quiero quedarme aquí. Prometo que será un ratito nada más.
- ¿Tienes tu celular encima por lo menos?
- Si claro. – preferí decirle eso así se dejaba de preocupar por mi y se marchaba, de todos modos mi auto estaba a unos pocos minutos nada más.
- Adiós Alma- se marchó, como aquella última vez. En esta ocasión preferí no dar vuelta la cara y seguí mirando hacia delante para no continuar martillándome la cabeza. Después de todo lo malo, algo me salvaba. Volví a mí, me saqué ese egoísmo que me estaba matando anteriormente. Volvía ser “la pequeña Alma”. La noche estaba estrellada y tranquila, gracias a dios la luna iluminaba la noche y al agua; sus reflejos me daban tranquilidad, había ruido de animales e insectos, pero suaves. Todo tan exacto para el momento.
- Alma – pegué un grito, salté y puse mi mejor pose de defensa. Era Nahuel, estaba allí hermoso, mirándome.
– Últimamente a la gente se le dio por aparecer detrás de mí y asustarme. – suspiré - ¿Cómo me encontraste? ¿Me seguiste?
- Algo así. – hice una mueca de disgusto - si, te seguí. Te vi alterada, no quería que manejaras de esa manera. Pero no podía pararte tampoco, decidí seguirte por cualquier cosa. – mis ojos en cualquier momento se iban a salir de su lugar, los abrí más aún.
- ¿Te vio??
- No, no me vio. No te preocupes, paré en un lugar para que no me viera cuando vi su auto estacionado delante del tuyo. Me di cuenta de que lo seguías a él y me sentí obviamente estúpido siguiéndote a ti. Parecía una persecución algo irónica – largó una risita fingida – cuando se fue y vi que tu no saliste, pensé en entrar. Quería saber si estabas bien.
- No te preocupes, nadie me asesinó y me tiró a la laguna. – sonreí forzosamente – Gracias por lo otro. No tenías porque hacerlo, te dejé solo en el bar y me fui corriendo detrás de alguien más. No merecía que vinieras a ver que no muriera en el camino.
- No te juzgo, hace poco terminaste con el y te vio con alguien más a solas. Cualquiera haría lo mismo.
- Gracias por entenderme más de lo que realmente deberías. Discúlpame.
- No hablemos más sobre eso. ¿Cómo se encuentra él? ¿Hablaron?
- Si, esta dolido. Pero de todas maneras le dije que vos y yo no teníamos nada que ver. – sus ojos se pusieron tristes y su rostro fue parecido a si se hubiera enterado que mañana mismo se acababa el mundo – pero también le dije que no volvería con el, y se va a ir del pueblo a trabajar en una Universidad de California de lo que a el le gusta. Así que no fue tan malo haber terminado con él. Su carrera va a crecer favorablemente.
- Lo siento mucho. Se nota que lo quieres.
- Si claro que lo quiero, fue mi primer novio. Estuvimos un año juntos, tuvimos que pasar muchas adversidades y yo lo dejé de la noche a la mañana. De todas maneras el se merecía mi sinceridad, siempre ha sido un gran tipo.
- ¿Vos como estás?
- Triste. Pero de todas maneras se que fue lo mejor, el tiempo hará lo suyo como el dijo. - Se quedó en silencio, como si supiera que yo necesitaba ese momento para mi y para escuchar solamente la naturaleza, y la tranquilidad.
- ¿Vamos? Está haciendo frío ya. – me dijo unos minutos más tarde. Asentí y marchamos hacia nuestras autos para irnos.



lunes, 23 de agosto de 2010

CAPITULO VIII: MENTIROSA

- ¡¡Ali!! ¿Estás bien? Alma, contéstame por favor – no me di cuenta de que Cris me estaba hablandohace rato, debería de estar preguntándome si estaba bien, no era capaz ni de escucharlo ya, hasta que reaccioné.
- Soy una basura. No puedo creer lo que le acabo de hacer. Soy una idiota. Necesito ir a buscarlo.
- ¿Y el chico? – no podía pensar más, ya me estaba desesperando.
- Decile que me tuve que ir, que me disculpe pero necesito enmendar un error ahora mismo. – corrí hacia mi carro. Tampoco tuve el valor de mirar hacia atrás para ver a Nahuel, estaba haciendo todo mal. Él de seguro no me iba a querer ver más, pero a pesar de mis ganas de quedarme con él, no podía dejar que Gaby se fuera dañado de esta manera por mi culpa y no hacer nada, seguía siendo importante para mí. No podía tirar todo por la borda, por alguien que recién había conocido, por mas que mis ganas de estar con el fueran superiores.
Manejé sin rumbo, no tenía ni idea a donde se había ido, a la casa seguro no iba a ir, su familia iba a estar ahí y no iba a querer pasar por un cuestionario sobre su extraño estado de ánimo. Debería de ir andando como yo hasta saber a donde podría parar a pensar, de seguro, sería digno de el. No es irresponsable, no manejaría a lo loco, ¿o si? ¿O en circunstancias como esta si? Nunca peleábamos, nunca lo había visto manejar a lo loco, cuando se peleaba con alguien iba a mi casa o a su casa, o a donde fuera a pie, prefería hacerlo por miedo a chocar. Pero esta vez no. "Ya se, su rumbo de seguro había sido contrario a el pueblo, donde la gente iba a estar por allí dando vueltas" parlotee. Tomé el lado contrario y manejé, hasta que visualicé su auto a lo lejos, varado y él no estaba dentro. Paré detrás de su auto, sin rastros de el. Debería de haber ido hacia los árboles a encontrarse con algún lugar tranquilo para pensar. Me bajé rápidamente y caminé torpemente hacia el bosque, el mismo que era tan hermoso al principio, en ese punto no lo era tanto. Esa parte del bosque era la más normal de todas. Entré por un sendero casual que se encontraba allí e imaginé que sería el camino, caminé y caminé por unos cuantos minutos; no tenía idea del tiempo. Nunca usaba reloj, no era algo que me gustara llevar a cuestas, tampoco tenía el celular. Así que no tenía idea de tiempo, espacio o pensamientos. Hasta que en un momento lo encontré. Estaba allí de espaldas a mí, sentado en una roca al lado de la laguna donde el pueblo se juntaba para bañarse en días de verano. Obviamente en este momento no había nadie, estábamos en pleno invierno y ya era de noche.
Me acerque a el y vi que estaba fumando un cigarrillo con ansiedad, sus manos temblaban, no se si de nervios, por el frió o que. Pero temblaban. No se dio cuenta de que yo estaba allí, o no quería darse cuenta.
- ¿Gaby? - le pregunté con temor el cual se notaba en mi voz. No se dio vuelta; deducí que si se había dado cuenta de que estaba ahi. Simplemente no quiso voltear. – háblame por favor.
- ¿Qué pretendes que te diga? – estaba sumamente enojado, su voz era ronca, ya no impartía aquella tranquilidad y ternura de siempre.
- ¿Qué sentís? - suspiró, tiró el cigarrillo sin terminar, lo pisó y se dio vuelta tranquilamente.
- ¿Qué siento?, siento que me estoy desgarrando. Pero no es tu culpa, nosotros ya no estamos juntos; vos tenés el derecho de salir con quién quieras. Pero era tan necesario salir con alguien a un lugar donde sabes que todo el mundo estaría allí. Discúlpame, yo no te haría algo como eso. Mínimo respeto Alma; algo así es lo último que esperaba de vos.
- Pero Gaby, yo no estoy saliendo con él. Fuimos a tomar algo tranquilamente, porque el me ayudó una vez cuando yo me desmayé y simplemente le estoy haciendo un favor, ya que no conoce a nadie. Por eso no tuve problema en ir a un lugar donde todo el mundo me viera. No pasa nada entre el y yo – "¡¡¡MENTIROSA!!! claro que no te importaba lo que los demás pensaran. Pero porque sos una egoísta, porque si te interesa ese chico, porque ni cuenta te diste de que alguien pudiera contarle a el, porque no tuviste un respeto. Porque ni siquiera se te pasó la cabeza sus sentimientos ", me dije a mi misma, sabiendo en que me metía. Hubo un silencio casi sepulcral. No me miraba, no se ni siquiera si estaba respirando.
- No importa, no tienes que darme explicaciones. Disculpa, reaccioné demasiado mal. No debería de haberme ido así, tendría que haber oído tus explicaciones. Tiene sentido lo que dices. ¿Qué te pasó que te desmayaste, te encuentras bien? – Dios mío, se estaba preocupando por mi. ¿Cómo esto había pasado de ser yo una mierda, a el sentirse mal? ¿Cómo podía ser tan malvada? No me reconocía, cada vez lo hacía menos. Le estaba mintiendo a la persona más hermosa y sincera que jamás había conocido. Y me creyó.
- No nada, ya estoy bien. Simplemente fue un desmayo tonto, pero el estaba por ahí en el momento justo y me ayudó. Por eso lo conocí. No te sientas mal, tienes toda la razón de enojarte conmigo de todos modos.
- No claro que no. No tengo porque ponerme de esta manera como un niño, tendría que haberte preguntado antes. Pero es que, fue tan extraño el momento, tu estabas allí con él y vi que se levantó de una mesa donde nadie más había. Y me di cuenta de que estaban solos, me imaginé cualquier cosa. Me crispó los celos y sentí que no te habías preocupado por mis sentimientos. – tenía toda la razón, pero no podía herirlo más, si eso hiciera que yo fuera una persona de lo peor no importaba ya. Lo estaba siendo. Me acerqué a su lado, y lo abracé.
- Te amo Alma. No puedo evitar sentirme así, discúlpame. Se que estoy siendo egoísta – ¿como hacía este hombre para sentirse de la forma menos indicada en el momento en que yo era la que hacía todo mal? – pero no puedo dejar de comportarme como un maldito bebé cuando estoy a tu lado, cuando pienso en ti o cualquier cosa que tenga que ver contigo. – no podía sentirme peor. Nada podía disfrazar mi cara de pena y de odio hacia mi misma.
- No te culpes, yo soy la que esta haciendo todo mal. Tu solo haces cosas que no puedes controlar, pero no le haces daño a nadie. No quiero que hablemos de culpables, solo quiero que no estés así. Eres una excelente persona, y puedes encontrar alguien que realmente pueda darte lo que tu vida necesita, y lo que tu amor necesita. Yo no soy la indicada, no en este momento. Mi cabeza no esta en su lugar como para seguir una relación como la que tu quieres y mereces. – lo alejé de mi, no quería seguir hiriéndolo.
- Alma, me voy a ir del pueblo. – mis ojos se volvieron a abrir como dos platos.

CAPITULO VII: LA CITA MAS CORTA Y LA DESILUCION MAS GRANDE Parte II

- Tampoco soy suicida. No me voy a meter en cualquier cosa por comprobar.

- Tienes razón, ¿pero que perdés? Estamos aquí en un lugar público, no te voy a hacer daño, no es mi intención, solamente quiero conocerte. Si luego de esto tu ves que yo no soy lo que tu piensas o no quieres saber nada más de mi, simplemente dímelo. Y yo no apareceré más por tu vida. – no quería eso, estaba segura de que me decía la verdad. Tenía miedo, ¿me estará haciendo algo psicológico para que yo crea en el?

- De acuerdo, no pierdo nada. – ¡¡¡ESTÚPIDA!!!!

- Aquí están sus cocas.

- Gracias Cris. – se marcho enseguida, pero en menos de un segundo estaba allí de vuelta muy preocupado, se notaba por su rostro.

- Ali, ¿puedo hablar con vos?

- Si claro – acepté un poco enojada, sabiendo por donde venía la mano.

- Discúlpame Nahuel, ya regreso – asintió amablemente.

- Mira Cris, yo se lo que hago. No me vengas con un sermón; cualquier cosa estoy acá y tu me vas a ver, así que no te preocupes por demás y...

- No Alma, no es eso –me interrumpió exaltado - Gaby esta del otro lado del bar - mis ojos se abrieron como dos platos y miré para todos lados.

- No lo vas a ver desde acá. No intentes mirar, te va a descubrir. Pero eso no es lo peor Ali.

- ¿Hay algo peor que eso? – le dije cada vez más y más nerviosa. Esto era lo peor que me podía estar pasando en el momento.

- Esta con Manuel y unos amigos.

- ¿QUÉ? – prácticamente grité, me puse con los pelos de punta, ¿qué rayos iba a hacer ahora? Claro que había algo peor. Siempre hay algo peor. – Hay Cris, -¿qué voy a hacer? Ayúdame por favor.

- Ándate antes de que te caigan. ¡Uy! no ya es tarde, Gaby viene hacia acá. – yo estaba de espalda desde donde el venía, me quedé inmóvil.

- No, no, no, no puedo tener tanta mala suerte- susurré.

- No Ali, no podes ser tan tonta. Estamos en un pueblo, todo el mundo se reúne en los mismos lugares. – tenía toda la razón; obviamente, yo no estaba pensando cuando le dije que si a Nahuel y menos iba a pensar en encontrarme así con mi hermano, y menos que menos con Gaby. Lo más importante, aunque no lo pareciera los últimos días de la forma en la que me comportaba.

- Cris llévame otra cerveza a la mesa o la paso a buscar cuando vuelva del baño ¿si?

- Si claro. – no se dio cuenta, genial que siga de largo y yo me hago totalmente la boba.

- ¿Ali? – demasiado tarde. Me di la vuelta y puse mi mejor cara de sorpresa, demás esta decir que no me salió nada convincente. - ¿cómo estás?, ¿qué haces por aquí? ¿viniste con tus amigos? – demasiadas preguntas a las cuales yo no estaba en muchas condiciones para responder.

- Alma, voy al baño ¿si? - Mis ojos dejaron de mirar automáticamente la cara de Gaby. Claramente este no era mi día.¿A Nahuel se le había ocurrido ir al baño justamente cuando yo estaba hablando con Gaby? ¿Sería cierto esto que me estaba pasando o solamente era una treta del destino? Una broma nada más. No, definitivamente esto estaba pasando.

No sabía que decir, las palabras no me salían. Intenté mirar a Gaby nuevamente, pero me estaba ganando el miedo. No quería ver su rostro lastimado, él no se lo merecía. De todas maneras tomé fuerzas y lo miré. Su rostro alegre de siempre, había cambiado. Tenía los ojos brillantes, pero sin lágrimas, su cara era de una tristeza profunda. Lo había herido. A pesar de que no le había dicho nada sobre eso, de todas maneras se dio cuenta de lo que allí estaba pasando. Mi cara se puso acorde con la suya, no podía dejar de sentirme mal por el hecho de que era yo la culpable de su tristeza. "Maldito baño que estaba tan cerca de nosotros ", pensé, como si aquel estuviera en complot con el destino para hacerme esto, sonreí para mis adentro, por la estupidez que estaba pensando.

- ¿¿Alma?? ¿¿Está todo bien?? – preguntó luego de no haberle contestado, detrás de mí Nahuel a quien todavía no había mirado; de seguro percibió lo turbio del ambiente – Ahh – dijo por lo bajo, debió de haber visto quién estaba y ahí si se dio cuenta de todo. De pronto sentí que el ya no estaba allí, de todas maneras no quise voltear, seguía mirando a Gaby como una tonta esperando que algo dijera, muriendo de vergüenza y tristeza; parecía hasta incapaz de pestañar.

- Me tengo que ir – dijo de pronto y se fue, quise seguirlo pero no pude. Me quedé allí parada como una cobarde. Ni siquiera tuve el valor de gritarle, vi como se iba ágilmente, y como uno de sus amigos corrió hacia la puerta preocupado para ver a donde se había ido de esa manera. Lo siguió, pero él lo despachó de un empujón, subió a su auto y se marchó. El amigo quedó allí en el medio de la calle, mirando al auto irse y levantando los brazos sin entender absolutamente nada. Luego dio media vuelta para volver hacia el bar y me vio allí parada. Su cara cambió de preocupación a enojo, me miró lleno de odio, se había dado cuenta sin que nadie le dijera nada que eso había sido por mi culpa, solo por mi culpa. Yo seguía allí parada, ahora mirando a su amigo, quién entró al bar sin dejar de mirarme hasta que dio la vuelta y volvió a donde estaban sus amigos, y mi hermano. Ya ni me preocupaba si le decía algo a Manuel, era lo de menos en este momento.