lunes, 23 de agosto de 2010

CAPITULO VII: LA CITA MAS CORTA Y LA DESILUCION MAS GRANDE Parte I

Estuve toda la tarde nerviosa por el encuentro, pero tampoco podía dejar de sacar ideas y conclusiones en mi cabeza, ¿estaba haciendo bien?, el tenía razón, no había sido nada transparente conmigo pero de todas formas yo estaba confiando en él.

Una hora antes, comencé a vestirme, intenté hacerlo de la mejor forma posible, pero que no demostrara que quería estar más elegante para él. Me puse mi blusa favorita y unos jeans, tomé unas botas que mi madre me compró hace mucho en New York, las cuales ya estaban echando polvo. No era que no me gustaran, lo que no me gustaba era exagerar en mi vestimenta en un pueblo así, pero hoy me dio el impulso de usarlas.

Me puse el mejor busito que tenía, me perfumé, me dejé el pelo tal cual estaba, solo una peinada por arriba para que no pareciera desprolijo y marché al encuentro. ”Si Flo me viera arreglándome de esta manera moriría", me dije mientras reía nerviosa. Tenía muchas preguntas que hacerle, y otras tantas que contestarme a mi misma. Mi cabeza no paraba de pensar ni un minuto en lo que él me iba a decir y en lo que él me causaba cuando estaba cerca de mí.

Me dio vergüenza por un segundo y me sentí terrible; claro era que yo estaba saliendo con alguien a unos días de haber terminado con Gaby. Alguien de seguro me iba a ver e iba a ir corriendo a contarle. Desde mi faceta egoísta trabaje esta vez, no me había puesto a pensar en él. Esto le dolería, ¿cómo se lo podía explicar? Me odiaría seguramente, no querría saber nada más de mí.

Pero ahora ya no podía echarme para atrás, estaba en mi auto, rumbo al bar; en realidad si que podía, pero mi egoísmo me estaba ganando de nuevo, quería ir, no podía dejar de ir, quería verlo. ¿Qué me estaba pasando con este chico? Nunca jamás hubiera hecho algo así sabiendo que iba a lastimar a alguien más, o por lo menos hubiera pensado la propuesta más de diez veces antes de aceptarla o pensado en Gaby aunque sea una vez en el momento de la respuesta. Nada de esto hice, esta no era yo, esto no era normal; algo estaba mal en mí. Mi confusión se había vuelto enardecedora.

Prendí la música, digna cobarde, yo sabía que eso me distraía. Hasta no llegar al bar no paré de escuchar música y cantar, para no pensar en todo lo que en ese momento estaba sucediendo en mí. Era absurdo

Ya estaba allí, lo veía adentro sentado tomando un refresco. Faltaban veinte minutos para el encuentro, vacilé, pero no me duró más de un segundo. Me bajé del coche y caminé casi corriendo hasta el bar, demasiada ansiedad para una persona como yo, tranquila y responsable. En este momento estaba haciendo todo lo contrario a lo que yo haría y a lo que yo era.

Entré al bar y el estaba ahí, mirando el reloj ansiosamente. Sonreí pensando en que estaría preocupado de que yo no llegara y caminé hacia él.

- Hola – dije mientras me paraba enfrente de él. Pegó un salto y se paró. Me causó mucha gracia y vergüenza. A él también claramente.

- Alma, siéntate. Llegaste temprano.

- Tu más.

- Eh si, estaba ansioso por verte. – a la vista estaba que no tenía ningún problema en demostrar lo que sentía. Eso no me daba comodidad. Simplemente le sonreí forzosamente y avergonzada.

- Siéntate. ¿Quieres algo de comer?

- Bueno, me gustaría en realidad algo para tomar, tengo un poco de sed.

- Claro, claro. – llamó rápidamente al mesero. Ya había hasta olvidado que el mesero era uno de mis amigos, Cristian.

- ¡¡¡Ali!!! – miró un par de veces a Nahuel y a mi sorprendido.

- Hola Cris, ¿cómo te lleva el trabajo? – lo miré sabiendo que estaba ruborizada hasta las muelas, a pesar de que mi actitud hablaba como si nada estuviera pasando. Me volvió a mirar incrédulo y por un segundo no respondió. Mientras que Nahuel parecía no darse cuenta de nada, y no me sacaba los ojos de encima.

- Bien, como siempre. ¿Que quieren tomar?

- Para mi otra coca por favor. ¿Vos?

- Si, yo también quiero una coca.

- Enseguida – se fue rápidamente sin quitar su cara de incredulidad.

- ¿Ese es uno de tus amigos verdad? - asentí intranquila. - ¿Estaba bien? Parecía que algo le pasaba.

- Si, simplemente no es normal que yo salga con gente que conozco hace una semana y se comportó como lo hizo esta tarde.

- Él se encontraba en el campo contigo. Con razón su rostro cambió tanto al verme.

- Hablando de esta tarde. ¿Por qué te fuiste así? ¿Por qué me dijiste lo que me dijiste? – no quería perder la oportunidad ahora que el tema estaba en nuestra conversación. Su cara no tuvo ningún cambio, parecía dispuesto a mencionarlo.

- Es que mis padres no están de acuerdo con que yo vague por la vida de esta manera con gente que desconozco. Y más en un lugar donde soy el nuevo y me fui de una forma abrupta el otro día cuando fui a verte.

- Pero, ¿cómo sabías que yo estaba allí? – acababa de caer a la cuenta en eso, para otra persona del pueblo era normal que sin saber nos encontrara allí, ya que siempre frecuentábamos los mismos lugares. ¿Pero él?

- Un señor del pueblo, me dijo que ustedes siempre se juntaban por allí los fines de semanas. Aunque también me dijo que...

- ¿Qué?

- Que no sabía si tu estarías, porque los fin de semanas sueles pasar con tu... con tú novio – se interrumpió un momento mientras su cara se le iba transformando y miraba hacia la mesa. Parecía dolido al decir aquello.

- Si. Es verdad. – me volvió a mirar con desconcierto.

- Tienes novio. ¿Por qué saliste conmigo entonces? ¿Es el chico que te siguió el otro día en el baile cuando te fuiste? Te observé irte y observé también que él te siguió apresuradamente ansioso y triste, ¿porque nos vio juntos charlando? ¿Es el verdad? – se puso nervioso, comenzó a hablar sin detenerse a respirar, me hizo recordar por un momento a Gaby cuando tuvimos la charla del “adiós”.

- Si es él. Pero no es mi novio, ya no lo es. – sentí un leve suspiro y sonrió por lo bajo.

- Que triste. Lamento oír eso.

- Avísale eso a tu boca que esta esbozando una pequeña sonrisa.

- Discúlpame, creí que simplemente había pensado eso. Es que no te quiero mentir, no me hizo sentir nada bien el hecho de saber que estabas con alguien.

No sabía que decirle, todo esto era muy raro. Mi sentido común, que últimamente o no funcionaba, se había fugado o solo venía sin porcentaje de ganarle a mi locura, me estaba diciendo que saliera de allí ahora mismo antes de que la cosa se pusiera insostenible. Nadie normal se pondría de esa manera al conocerse en tan poco tiempo. Pero otra vez aquel débil sentido común se calló, de todas formas yo sabía que no corría ni salía de allí muerta de pánico mientras aquel extraño me decía que estaba celoso y con ganas de verme, porque yo también sentía algo parecido por él.

- No entiendo por qué me estas diciendo todo esto. No entiendo; hace pocos días que nos conocemos y no fue de una manera nada gratificante, ni emocionante, ni “normal”. ¿Por qué debería de creerte lo que me estas diciendo? Podes ser perfectamente un hablador más.

- Confiando. Nunca vas a comprobar nada sino viviendo.



martes, 10 de agosto de 2010

CAPITULO VI: IMPULSOS

Cuando me decidí a ir alguien me ganó. Era una muchacha hermosa, pelirroja, extravagante que tocó su puerta. No había escuchado llegar a su coche, de veras era muy silencioso y hermoso por cierto. Era uno de esos autos nuevos Volkswagen Escarabajo, de esos que no había visto jamás frente a frente.
Ella tocó la puerta y espero tranquilamente a que alguien le abriera, de repente un hombre alto, con facciones hermosas que coincidían con las de Nahuel, "debe ser su padre" balbucee; se le transformó una gran sonrisa a penas vio a la bella muchacha.
Ella lo saludó muy entusiasmada, como si fuesen años sin haberse visto.
Algo llamó mi atención y me asustó. A ambos se les había cambiado el rostro, ¿qué podría haber pasado como para que ambos cambiaran esa sonrisa marcada por una cara llena de enojo? YO. Me estaban mirando a mí, ¿era por eso realmente que Nahuel se tenía que ir rápido?, ellos estarían enojados conmigo porque él fuera a verme o se hubiera escapado para verme.
Seguían allí parados sin sacarme los ojos encima, no sabía que hacer, si irme o ir hasta ellos para aclararles que nada había malo en mí.
Sin darme cuenta ya estaba fuera de la camioneta caminando hacia ellos, que seguían clavándome la mirada. Estaba un poco intimidada, pero tampoco era que me iban a comer "concéntrate Alma".
- Hola, soy Alma. Me gustaría hablar con Nahuel, ¿él está? – muerta de timidez por dentro, pero muy decidida por fuera.
Ahora ambos me miraron incrédulos, como si estuviera totalmente loca de haberles ido a hablar. Suspiré de tranquilidad mientras percibía a Nahuel gracias a la puerta entreabierta, que bajaba rápidamente las escaleras rumbo a nosotros. Su rostro era algo parecido a la Mona Lisa, no sabía si estaba contento o triste. Era una mezcla de ambos.
- Alma, ¿qué haces aquí? Ven conmigo. – me tomó del brazo y me llevó ágilmente hacia el bosque que se encontraba del otro lado de su casa tan hermoso como siempre. Nos internamos en él y allí pude reaccionar, solté mi brazo de un golpe, me paré y él dió media vuelta rápido para ver que era lo que me había pasado.
- ¿A dónde me llevas? ¿Qué es lo que pasa?
- Alma, no puedes venir así. No es bueno que hagas esto, te lo dije hoy.
- No, no me has dicho nada. Simplemente huiste. Es por eso que estoy aquí. No puedes venir y decirme esas cosas, y luego irte sin explicarme nada.
- Mira Alma, realmente no es bueno que estés aquí. Mi familia no es nada realmente buena en el sentido, de que conozca...bueno... – balbuceó - no es bueno que vengas aquí.
- No me estas diciendo nada todavía. Solo estas repitiendo y tartamudeando ¿Puedes explicarme? – ahora estaba molestándome muy seriamente
- No, sinceramente no. No puedo, no es que no quiera, simplemente no puedo.
- ¿Y eso de que querías verme? ¿Tampoco lo puedes explicar? – lo miré con una sonrisa sumamente sarcástica.
- Bueno, eso – cambió rápidamente de actitud, a más rozagante y avergonzado – sigue siendo verdad, quería verte y eso no ha cambiado.
- Pero no entiendo el por que. No nos conocemos nada.
- Yo tampoco lo se, es algo que simplemente me pasó, tenía ganas de verte y fui. Soy bastante impulsivo. Yo tampoco entiendo el porque, algo en ti me dice que no puedo dejar de verte. Que no quiero dejar de verte. – ahora la avergonzada era yo, me sentía como una niña. - ¿Quieres salir conmigo? – me dijo mirándome siempre a los ojos, era algo impresionante todo lo que el podía transmitir.
- ¿Cómo? ¿Salir contigo?
- Sino quieres esta bien, no tienes porque hacerlo. Después de todo no me he comportado transparente contigo y... – lo interrumpí, sabía que me iba a arrepentir.
- Salgamos – puso una sonrisa muy marcada, realmente estaba contento de mi respuesta.
- ¿De verdad?
- Claro que si, ¿por qué no? – sonrió otra vez, pero esta vez fue de una manera más picara, e irónica
- Por el hecho de que no soy una persona que realmente conozcas, que tuvo actitudes raras para contigo y que huí.
- Buena acotación – fruncí el seño y sonreí. Me estaba sintiendo bien a su lado, de todos modos también estaba muy curiosa porque no me dijera nada, ni el porque de que me haya sacado así de la casa, ni el porque me miraban así aquellas dos personas y tampoco el porque de que esta tarde se fue de esa manera de el lugar. - No me has dicho nada sobre lo anterior, ni lo de esta tarde.
- ¿Podemos hablarlo cuando salgamos? – me mordí el labio, tenía ganas de decirle que no quería esperar. Pero preferí aceptar y asentí – entonces te paso a buscar por tu casa esta noche, a eso de las diez ¿te parece?
- Mmm, mejor nos encontramos en algún lugar. No quiero que mi hermano vea que salgo con un chico y encima que el no conoce, es demasiado celoso y aunque no me interese prefiero evitar problemas.
- Por mi no te preocupes. ¿Te parece encontrarnos en el bar que esta a la esquina de la plaza Marfil?
- De acuerdo. Nos encontramos ahí, mejor me voy, no quiero que alguien venga a matarme porque te vine a ver, no creo que me haya llegado mi hora todavía – reí entre dientes a la vez que el también lo hacía.
Me acompañó hasta mi auto, mientras que el hombre bonito y la pelirroja todavía estaban allí observándonos. Me subí rápidamente, miré para atrás y vi que Nahuel estaba discutiendo con aquellas dos personas. No quise suponer nada así que volví la mirada en mi trayecto.

CAPITULO V: PERDIENDO LA CORDURA

- Hola – me limité a decir esperando una respuesta rápida de lo que quería, para salir rápidamente de allí, así no se daba cuenta de mi nerviosismo y mi cambio de color en las mejillas.

- Alma, ¿cómo estás?

- Bien – quedamos un minuto en silencio, yo miraba a un costado llena de vergüenza y él no me quitaba los ojos de encima. Me dieron unas ganas imperiosas de preguntarle que era lo que quería y porque me estaba llamando con aquel rostro hermoso, despreocupado y contento. Era malvado, ¿por qué lo hacía?

- Vine a verte ¿sabes? No me preguntes porque, pero tenía muchas ganas de verte. Estuve toda la semana discutiendo conmigo mismo de si venir o no. Disculpa que te diga todo esto de esta manera, no quiero que te asustes, ni quiero que te preocupes. Tampoco quiero que te sientas obligada a algo; simplemente tenía ganas de venir y decírtelo. Es extraño todo esto. – lo miré automáticamente, él siguió hablando por unos minutos mas, mientras yo no entendía mucho lo que decía, ni porque lo estaba diciendo, ni el sentido que todo esto tuviera. Lo miraba seguramente con una cara de asombro, mezclada con una atención por demás, tanto que sentía que dejaba de escuchar de a ratos para adentrarme en lo que me intentaba decir, estaba absorbida por la vergüenza. – no debería de estar aquí, se van a enojar o peor.

En ese mismo momento si presté atención a lo que había dicho, dejando atrás mi análisis de cada palabra que decía a medida de que pasaban las 5 frases. Me concentré en su “no debería estar aquí, se van a enojar o peor”. ¿A que se refería? ¿Mi hermano Manuel luego de verme hablar con el, a escondidas mías fue amenazarlo de muerte? ¿Cómo pudo? Esa maldita manía de no dejarme en paz. Pero estaba hablando de más de uno, ¿mis otros hermanos lo habrán llamado en complicidad de Manuel? ¿Qué otra cosa podía ser? De todas maneras no quise decir a que conclusiones había llegado, quizás no tenía nada que ver y metía la pata haciendo que el se asustara de verdad ante hermanos celosos capaces de todo con tal de que la vida de su hermana sea imposible.

- ¿De quiénes estás hablando? ¿Quiénes se van a enojar? – me miró con cara de sorprendido, como si eso lo hubiera querido decir para sus adentros y no en voz alta.

- No, de nadie. No te preocupes. Me tengo que ir. Adiós.

- ¿Cómo? Hace un minuto me estabas diciendo que viniste porque querías verme y no se que otras cosas extrañas. ¿Y ahora me dices que tienes que irte luego de que comentaras algo que yo sinceramente no entiendo?

- Si lo se, discúlpame. Pero es mejor que me vaya. Adiós Alma. – y se fue tan rápido como vino, me quedé allí atontada intentando pensar el porque de sus palabras, desde que quería verme hasta de su “se van a enojar”. No entendía nada.

- ¡¡¡Ali!!! – gritó Flor mientras sentía que corría hacia mi – ¿estás bien? ¿Qué pasó? ¿Te hizo algo? Mirá que si te hizo algo...

- ...no nada, no pasó nada. Fue totalmente extraño en realidad. – la interrumpí antes de que empezara a hablar más y más.

- Si me di cuenta, de repente reía, de repente sonrojó y de un momento para el otro palideció y se fue. Tú te quedaste ahí parada. Creí que algo malo había pasado. Les dije a los demás que no vinieran por las dudas, quería saberlo antes.

- Hiciste bien, realmente no pasó nada. Solo tuvimos una corta conversación.

- ¿Qué te dijo Alma? No me digas que nada, porque esa cara no proyecta un nada, ni siquiera proyecta una buena conversación.

- Me dijo que... – me interrumpí un poco pensando en si decirle la verdad o no esta vez, de seguro me iba a decir que me alejara de él. O algo por el estilo y se complicaría más las cosas. Pero Flor se entristecería que yo no le contara mis cosas y las descubriera por ahí en algún momento, aunque hayan pasado mil años, no me lo iba a perdonar tan fácil. – vino a verme a mí hasta aquí.

- ¿Y qué más? No creo que por eso haya puesto esa cara pálida, quizás la rojiza, pero no la pálida. - le comenté lo que había pasado. Me miró con miedo y preocupación. Su cara se convertía en la de una madre. No la culpo, si ella estuviera en mi lugar yo pensaría lo mismo, diría lo mismo y la cuidaría igual. Le dije un par de cosas para que se tranquilizara, le prometí no meterme en problemas, aunque no estaba segura de que me creyera. Aunque lo disimuló muy bien en su “Te creo Alma”. Ni yo me creía, me sentía ahora más atraída hacia ese chico misterioso.

Nos fuimos hacia donde estaban los chicos, todos me miraron como para preguntarme que había sucedido, pero agradecí la cara amenazadora de Flor para que no me preguntaran nada.

Marché hacia casa lentamente todavía pensando en lo que aquel chico me había dicho, no estaba convencida con nada de lo que Flor me propuso como posibilidades. Estaba a punto de llamar a mamá, cuando recordé nuevamente que no era algo bueno de hablarlo con una madre a pesar de ser mi confidente, cosas así no se las podía contar, seguía siendo mi madre y se preocuparía.

No aguantaba la inquietud, ni la intriga y menos la ansiedad de esperar a verlo quién sabe donde para preguntarle que quiso decir y porque quería verme. Me olvidé de la promesa que le hice a Flor, entonces di una vuelta sumamente brusca, no me di cuenta ni siquiera que podría haber estrellado contra un árbol, pero no pensé en eso y seguí aumentando la velocidad para llegar rápido a la casa de Nahuel. Era la segunda vez que me iba de esta manera sola.

Mi auto corrió y corrió por la carretera, hasta llegar a destino. Me quedé dentro del auto enfrente de la casa, dudando de si tocar o no esa puerta. Tenía razones y argumentos suficientes como para tocarla, y charlar con él. No era algo de lo que tendría que avergonzarme por no saber que decir.

CAPITULO IV: CONFUSA

Había pasado una semana ya desde que había visto por última vez a Nahuel en el baile, se me dio una vez por ir al bosque a ver si lo veía, pero a los tres minutos decidí que estaba completamente loca y me fui. De ahí no volví a tener el valor de buscarlo, prefería que él lo hiciera conmigo o por cuestión de suerte encontrármelo de casualidad.


Este sábado era particularmente hermoso, a pesar del frío; iba a ser un sábado de amigos, al aire libre como siempre, aunque por mi parte pasaba los fin de semanas con Gaby, ya que eran los únicos días a la semana que nos podíamos ver más de quince minutos, por culpa de mi facultad, por culpa de su tesis y el trabajo.

Pero el día de hoy volvía con mis amigos otra vez; no era algo que me disgustara, al contrario la pasaba muy bien con ellos y me divertía lo suficiente como para sonreír mucho hasta llegar a las carcajadas y olvidarme de mis problemas.

Lamenté el hecho de que mi hermano Emiliano era el que se haya ido y no Manuel este fin de semana; se les había dado a la idea de irse todos los fin de semanas a la casa de Sergio. A pesar de que no tenían ni la más mínima ganas de verlo.

No hablo mucho de él, no es algo que me satisfaga hacer, sino todo lo contrario; a pesar de que lo había “perdonado” por dejarme, no lo había hecho por lastimar a mi madre.

Manuel no quería ni que se intentara contactar con nosotros, sino era nada que tuviera que ver por lo menos con Pablo y por una urgencia, sino ya se sabía que Pablo llamaba por el mismo. Y menos que menos, que se intentara comunicar conmigo o con mamá, nos intentaba cuidar y yo lo entendía; aunque por mi parte, tampoco quería tener ningún contacto con el; ni hablar de mamá. Emi por su parte, simplemente no le daba importancia al tema, el ya había hecho como si nunca hubiera tenido un padre.

El viaje de los fines de semanas a la casa de Sergio era plenamente por el hecho de que Pablo nos había invitado a pasar por allá todos los fin de semanas que pudiéramos para poder tener un contacto más directo con él, ya que se le había hecho difícil venir por la facultad de Medicina que estaba haciendo por allá en EEUU. Sergio pagaba los pasajes, lo sobraba la plata y según decía Pablo “es lo menos que puede hacer”. A él tampoco le hacía gracia tener a Sergio como padre.

Mis hermanos volvían los martes por la noche, ya que se habían dejado un tiempo para faltar a sus respectivos trabajos y por el lado de Emi a su facultad, que era la misma que la mía pero el estudiaba Antropología, iba por su tercer año, era un buen estudiante, Manuel no, odiaba el estudio pero era muy trabajador, ahora estaba trabajando para mamá, reconstruyendo máquinas y no se que cosas más.

Yo por mi parte no quería ir a EEUU, no se me daba bien volar y menos cada fin de semana, a parte no me quería perder nada de la facultad. También era una excusa para no ver a Sergio, a pesar de que el sabía que ninguno de los tres iba por el y que ni siquiera nos queríamos cruzar, y el tampoco forzaba la situación, de todas maneras yo no estaba en condiciones de querer verlo para nada. Por otro lado había sido un poco por el hecho de que los fines de semanas era para ver a Gaby, ahora obviamente esa parte de la historia ya no era una excusa, pero seguía teniendo las demás.

Sabía que Pablo me extrañaba mucho y le prometí ir cuando Sergio no estuviera en la ciudad, me tomó la palabra y sabía muy bien que iba a cumplir.

Nuestro día de campo se salió del aire tranquilizador en el momento en que Flor me miró de una manera extraña y señaló con la cabeza hacia el camino, al mirar divisé a un chico que me parecía algo conocido hasta que me di cuenta de que era Nahuel. Estaba apoyado hermosamente contra su camioneta gris, una Toyota Tacundra 2009, la reconocí al instante, Manuel estaba loco por una de esas; se veía impecable, debería de haberla comprado hace poco o verdaderamente la cuidaba mucho.

Luego de ese lapso de segundos que intenté visualizar todo aquello, bajé la cabeza y seguí en lo mío, hasta que Flor me interrumpió en mis pensamientos nerviosos acerca de que estaría haciendo allí Nahuel parado mirando para donde estábamos nosotros. ¿Querría unirse a nuestros amigos? ¿Mis deseos de que me buscara se habían hecho realidad?

- Ali, te esta mirando y me señala que te llame. – automáticamente miré, parecía desesperada, eso era exactamente lo que quería escuchar. De que el estaba ahí por mi. No era nada buena disimulando.

Cuando lo miré, él me estaba mirando con esos ojos divinos y me llamó con la mano para que fuera hasta él. Vacilé por un momento, hasta que Flor me dio un sutil golpecito en las costillas y me dijo que fuera, aunque yo sabía que no le simpatizaba mucho Nahuel.

Me levanté y pude percibir las miradas de todos mis amigos, preguntándose a donde iba. Pero dándose cuenta enseguida hacia donde se dirigían mis ojos no preguntaron nada más. Solo reían entre ellos y comentaban cosas que no quise escuchar. Llegué hacia donde estaba él esperándome tranquilamente y con aire de fortuna. No lo comprendí.

lunes, 26 de julio de 2010

CAPITULO 5: INCOMODA

- Flo, voy a tomar aire un segundo – quiso acompañarme pero yo me negué rotundamente, necesitaba ese momento a solas.
Me di media vuelta y me fui hacia la puerta. Detrás de mi vi de reojo que Gaby me había observado cuando hablaba con el chico y ahora cuando me estaba yendo del lugar. No le presté atención, preferí no pensar en eso.
Abrí la puerta débilmente, tanto que tuve que volverla a empujar. Salí de apuro, y entre corrí lejos de ahí. Me senté en un pequeño asiento que se visualizaba a lo lejos, a pesar de mis fortuitas ganas de desaparecer no quise irme más lejos que eso; tampoco quería preocupar a nadie.
No entendía porque estaba tan intranquila, a parte de lo de Benja; esto era obviamente por algo más, pero no entendía porque.
En realidad inconscientemente lo sabía, pero no tenía ningún sentido.
No pude engañarme, y volví mis pensamientos hacia el chico. No podía sacármelo de la mente, desde esta noche cuando todo sucedió. Todavía no me había sentado a pensar las cosas, es más, intenté en vano escapar de ellas.
Mi mente estaba claramente introducida en los ojos de ese chico, no creo que fuese malo, todo lo que hizo fue ayudarme en mi caída y mi desmayo. Me llevó a su casa y me cuidó de buena fe. Pero también era “culpa” de él, el hecho de que yo me haya caído, el me había asustado, el estaba ahí observándome desde el momento en que yo había ido al bosque con mi clase. Eso no podía ser algo normal. De todos modos, no tenía ningún indicio de que fuera un acosador o algo por el estilo, al contrario me parecía sumamente dulce y atento. Pero no hay un perfil para un loco sicótico acosador ¿no? Pero no puede ser as í.No podía dejar de convencerme de que el no era uno de esos.
- ¡Alma! – miré moviendo la cabeza rápidamente. Era Gaby que irrumpía mis pensamientos - ¿Estás bien? ¿Esperabas a alguien más? – claramente se dio cuenta de mi cara de desilusión
- No, no, no esperaba a nadie. Solo me sorprendiste.
- OH! Disculpa, no quería asustarte. Solamente te vi venir sola para acá con una cara nada buena, entonces quise venir a ver si estabas bien. Disculpa que sea tan pesado, es la segunda vez que te vengo a parlotear.
-No te preocupes, estoy bien, no me molesta que vengas a hablar conmigo. Solo me abrumó un poco la gente y quise salir a tomar aire – obviamente no me creyó, había entrado al lugar hace solo unos minutos y luego de hablar con el chico decidí irme. Nadie creería eso después de haber visto la escena. Pero de todos modos lo dejó pasar. No me sorprendía, él siempre fue un caballero.
- ¿Te molesta si me quedo contigo? Tampoco me gusta mucho eso de la gente, ya me conoces. – sonreímos juntos un momento. Éramos tan parecidos.
- No, claro que no. Te puedes quedar – lo dije, a pesar de querer en mi mente que el fuera otra persona. Se merecía todo lo que el quisiera y yo me sentiría un poco aliviada con su compañía.
Quedamos unos momentos en silencio, pero como siempre no era incómodo; no era porque no tuviéramos nada para decirnos, simplemente nos sentíamos tan bien uno con el otro que no necesitábamos hablar para estar en contacto o para poder entretenernos. Eso siempre fue una de las cosas que más me gustaban de nosotros dos.
Comenzó a preguntarme sobre mi día, el bosque, la experiencia y como me sentía yo, estaba muy nervioso, podría jurar que quería llegar a algo más, pero no iba a serlo así como así, estaba dando muchas vueltas.
- ¿Y ese chico con el que hablabas? ¿Lo conoces? – estaba un poco avergonzado y ansioso. Se notaba en lo rápido que había hecho las preguntas y había entrado en el tema prácticamente de la nada. Mis sospechas estaban acabadas.
- Si, lo conozco.
- ¿Y quién es? ¿No es del pueblo verdad?
- Se mudó hace poco para la ciudad, los dueños del baile son sus padres, según lo que me contó.- Se quedó en silencio un segundo
- ¿Y de donde lo conoces? - ¿Que decirle? ¿Que lo conocí porque me escape a ver el bosque sola, que me recogió y me llevó a su casa? ¿Que descubrí que me hizo vibrar el corazón a penas lo vi? ¿Como decirle algo así?
- Lo vi en el bosque el otro día, el vive enfrente, en una hermosa casa, aquella que estaba toda oscura y llena de enredaderas – odiaba mentirle, pero no podía decirle la verdad esta vez. Aceptó aquello sin ganas como sabiendo que yo le estaba mintiendo, y no sabía porqué. Desconfiaba como nunca, lo conocía y el a mí. Otra vez decidí entrar, quería escapar de aquella conversación, ya no me sentía tan cómoda como antes.
Nos levantamos y marchamos hacia la puerta, al entrar cada uno se fue para diferentes lugares.
Fui hacia donde estaba Flor que me miró un poco confusa al verme llegar con Gaby, pero mi mueca respondió toda duda.
Estaba buscando casi desesperadamente al chico, no lo encontré por ningún lado, por lo que me limité a divertirme con mis amigos y pasar un buen momento. La noche transcurrió tranquila, a pesar de algunas molestas miradas por parte de mi hermano, y otras de Gaby, no era que quisiera, pero me sentía observada por lo que de vez en cuando se me escapaba la mirada para donde ellos se encontraban. De vez en cuando entrecruzaba las miradas con mi hermano cuando me descubría mirando a Gaby y me lanzaba una mirada casi asesina, automáticamente volvía mi cabeza, no quería más malos entendidos, ni problemas.
Se escabulleron también algunas preguntas de mis amigos provenientes del chico aquel que nadie conocía, solo yo, y de cómo las cosas estaban con Gaby. Obviamente contesté limitadamente, por un lado porque estábamos en un baile y la conversación no era algo que se diera bien; y por otro porque no quería hablar de ninguno de los dos chicos.
Nos fuimos bastante tarde; aquella noche no pude dormir.

CAPITULO 4: EL BAILE

Llegamos al centro y ahí estaban todos. Saludamos a los chicos. Estaban muy bien vestidos; nunca jamás habían cosas nuevas para festejar, cuando algo pasaba todo el mundo se revolucionaba y no había nadie que faltara a la invitación. No éramos muchos por supuesto, el pueblo no tenía más de 5000 personas, y pocos éramos los jóvenes; el lugar era muy extenso pero poco conocido. De todas maneras todos convivíamos felices, no necesitábamos mucha gente, teníamos una buena educación y la ciudad estaba muy cerca. Allí se encontraba mi facultad, por suerte no teníamos que desplazarnos muy lejos.
- Hola chicas – dijo Benja, Flor le repitió el saludo, mientras yo asentía algo avergonzada, sabía que me estaba mirando con ojos sorprendidos por mi reciente cambio a modelo de belleza. Bueno, a un intento de modelo de belleza.
- Que lindas que están pequeñas – dijo Adrián
- Vete a babear a otro lado – tonteó Flor; todos éramos un grupo muy unido, de alguna forma bastante inseparables, teníamos todas las clases de la facultad juntos, y toda la parte escolar y liceal, también la pasamos juntos; al igual que con Flor nuestra amistad se fortaleció recién en la facultad. Aunque teníamos sub grupitos, todos nos queríamos mucho. El grupo entero era el de Benja, Adrián, Lucía, Cristian, Flor y yo.
- Niños por favor no se peleen, estamos grandes para esas cosas – dijo Lucía irónicamente y mirándolos con un aire de chiste
Todos marchamos para el baile, no quedaba lejos de ahí así que por lo tanto dejamos todos los autos en el lugar en donde habíamos aparcado antes. La seguridad no era una preocupación aquí.
Llegamos al lugar, era un baile bastante grande para lo que estábamos acostumbrados, era hasta raro saber que había un baile nuevo en el lugar, todos salían cada fin de semana como si fuera religión, obviamente, menos yo que salía pocas veces en la noche a lugares como estos, y menos cuando estuve con Gaby; pero no era tampoco un pueblo el cual dejara muchos atributos económicos como para manejarse aquí. De todas maneras no era algo que me robara el sueño; así que preferí meterme en el momento y dejar de pensar en la economía pueblerina.
- ¿Entramos pequeños o que estamos esperando? – insistió Flor riendo ansiosamente.
Fuimos hacia la puerta, hasta que miré sorprendida y con tristeza lo que estaba frente a mis ojos. Era Benja, mirándome con una sonrisa, el no podía ser de otra forma. ¿Cómo esto podía ser posible? Quise acercarme pero moría de vergüenza. Flor se dio cuenta y volteó para verme, me hizo una mueca de que vaya hasta el, y le hice caso. Después de todo no tenía porque ser tan incómodo. Pero antes de que yo marchara hacia él, no se en que momento se movió, ya que quedé en blanco por un instante, lo tenía enfrente con su hermosa sonrisa, con su cara que impartía paz cada vez que la veías o te la imaginabas si quiera.
- Hola Alma – me dijo tranquilamente y sin quitar la sonrisa de su boca
- Hola Gaby – yo con un poco más de timidez, vergüenza y con ganas de correr.
- ¿Cómo estás? Me imaginé que ibas a venir. A pesar de que estas cosas no son para vos, el lugar es nuevo, se que de otra forma no vendrías, pero dudo que tus amigos te dejaran quedarte en tu casa cuando hay una nueva atracción en el pueblo. Yo lo se, me pasa lo mismo. – rió entre dientes. Yo lo acompañé sabiendo que tenía razón en todo lo que decía, aquello era lo que nos había unido, teníamos los mismos intereses.
- Más que mis amigos, la culpa es de Flo, ya la conoces.
- Claramente – sonrió, luego de un rato charlando sobre cosas totalmente banales, decidí que era hora de entrar.
Pagué la entrada, entré y busque a los chicos, el lugar era más grande de lo que más lindo y más acogedor de lo que pensaba.
Tenía para mi un aire bastante familiar, lo blanco, lo limpio, lo perfecto, el olor a flores recién cortadas de el jardín más hermoso de todos. No había nada terrorífico, como algunos otros bailes expedían, esa oscuridad, lo agobiante de la gente, el olor a alcohol y cigarro que me abrumaba. Muchos estaban ya fumando y tomando, sin embargo seguía ese divino olor a flores. Rápidamente caí y entendí, la casa del chico hermoso de hoy. Era tal cual ese lugar, no me había dado cuenta que el olor era el mismo, antes no le había prestado atención, ese era mucho más fuerte que el de la casa. Obviamente el lugar necesitaba más el aroma.
De pronto, al otro lado de la pista, lo vi. Ahí estaba él, el chico hermoso. Me costó entenderlo, lo veía solo del otro lado de la pista, era como si de repente todos a mi alrededor hubieran desaparecido y solo quedara él, y yo como espectadora. Seguía tan hermoso como cuando lo vi. De pronto me vio, se quedó tan atónito como yo. Sonrió, me saludó con la mano, y empezó a caminar hacia mí.
Me sentí mareada, estaba nerviosa, me sudaban las manos. ¿Qué rayos me pasaba? Esta bien que fuera tímida, pero tampoco era para tanto.
Se encontraba casi enfrente de mí, ¿que le iba a decir? ¿De que íbamos a hablar? ¿Le comentaría lo de esta noche?
- Hola – me dijo casi gritando, por culpa del sonido de la música. Asentí - ¿cómo estás? ¿Que sorpresa verte por aquí? – ahora me hablaba prácticamente al oído, por culpa todavía de la música
- ¿Sorpresa por qué? Yo estoy sorprendida, nunca te había visto en mi vida y de repente te veo dos veces prácticamente en el mismo día. Yo soy del pueblo, siempre ando por aquí.
- Tienes razón – sonrió
- ¿No eres del pueblo verdad?
- Ahora lo soy – me lanzó una sonrisita burlona.
- Si claro – bajé la cabeza en signo de vergüenza por la pregunta tonta - ¿Por qué viniste por aquí?
- Mis padres son los dueños de este lugar, nos mudamos a la casa que viste antes. – claro ahora entendía, el lugar era igual a su casa, de seguro los padres querían ponerle un toque familiar y diferente.
- ¿Y por qué un bar en Baja Primavera? No es un lugar tan factible como para tener un comercio de este tipo.
- Idea de mis padres. Yo simplemente los ayudo, ellos saben de negocios, a mi mucho no me gusta. Estoy familiarizado con otro tipo de cosas.
Visualice a mis amigos de lejos que me estaban llamando para que fuera donde ellos estaban – disculpa, pero me tengo que ir porque mis amigos están llamándome – no tenía ganas de irme, aunque me estaba yendo de los nervios, me estaban comiendo por dentro. Se despidió de mi, mientras me sonrojaba, me dijo “nos vemos, espero que sea pronto”, y todo mi mundo se movió, algo me pasaba indudablemente con él, no importa que lo haya conocido esta noche, no importa de que manera, yo sabía que algo me estaba pasando dentro. Me fui casi corriendo hacia donde estaban mis amigos, Flor me preguntó quien era y no tuve otra que decirle. Pegó el grito en el cielo, pero luego rió; comenzó a cuestionarme, mientras le contaba lo que me había dicho Nahuel, esto de preguntar, contar, preguntar contar, se estaba volviendo molesto, de todas formas era mi amiga.
- Bueno a bailar, parecen dos espantapájaros ahí parados. Vamos a mover el esqueleto – nos interrumpió Adrián sonriendo, claramente entusiasmado por el nuevo lugar. Yo por mi parte estaba emparentada más con mis pensamientos en este momento; necesitaba un poco de aire. Encontrarme con ambos chicos que me estaban haciendo pensar mas de lo necesario no era algo que a mí me pusiera realmente contenta.

CAPITULO 3: TRANQUILA

En el camino no me pude sacar de la cabeza a ese chico, había pasado todo muy rápido y todo fue tan raro. Era tan hermoso, tan...tan, no sabía ni que pensar sinceramente de él. No podía estar pensando estas cosas, recién lo conocía.
" Me tengo que conformar con la vida que tengo, mi imaginación no me va a llevar a buen puerto", me dije a mi misma en voz alta, para que pareciera que alguien más me lo dijese, quizás de esa manera me lo creería. Volvió a sonar mi celular.
"¡¡¡Maldito celular!!", chillé. Era mi hermano, como si no tuviera suficiente.
- ¿Qué pasa Manuel?
- ¿Dónde estás Alma? Son las doce ya, creí que me ibas a avisar si salías y a donde.
“Las doce, genial”, iba a estar desvelada toda la noche intranquila, algo tenía que decirle, en casa no me quería quedar.
- Si, me olvidé disculpa. Estoy yendo a la casa de Flor, vamos a ir a un baile nuevo que abrió. -
- ¿No será “Neón” verdad?
Ese nombre me sonaba, pero no recordaba lo que me había dicho Flor, estaba tan metida en el momento que sinceramente no me había quedado muy claro lo que me estaba diciendo. Pero supongo que era ese, había dos bailes en el pueblo, ninguno se llamaba así.
- Si, creo que si. No abren todos los días bailes en “Baja Primavera”.
- Me parece que nos vamos a ver entonces esta noche. Yo voy para ahí. Recuerda que ahí no somos hermanos.
- Obviamente que si, el que me molesta siempre sos vos no yo, así que espero que vos recuerdes eso hoy. Nos vemos. Adiós
- Adiós – terminé la conversación en frío, no tenía muchas ganas de hablar y ahora tenía que ir a un baile, mi hermano no soportaría saber que dejé de ir a algún lado por el y más si tiene la oportunidad de vigilarme. Y era algo con lo cual me podría distraer.
Llamé a Flor para decirle que al final iba, por suerte todavía no se había marchado, ni siquiera se había vestido, le dije que iría a su casa en dos horas, para darnos tiempo de arreglarnos y de yo llegar a casa.
Prendí las luces y la radio para no sentirme tan sola. Me vestí lo más normal posible, no estaba de ánimos para arreglarme demasiado, nunca lo hago del todo y menos en estas circunstancias.
Comí una manzana, tome un poco de refresco y comencé a caminar por la casa de un lado para el otro. Hasta que decidí ir a lo de Flor aunque faltara una hora para completar las dos que le dije, no quería estar más sola.
Toqué el timbre y me atendió el papá de Flor.
- ¡¡¡Alma!!! Cariño, ¿cómo estas? Pasa, pasa. Flor está en su cuarto. ¿Quieres algo para tomar o comer? – me dijo muy amistosamente, Jorge, quien era un hombre muy generoso. Y más conmigo, mi madre y el habían salido por un tiempo. Flor y yo estábamos felices de eso, íbamos a consolidarnos como hermanas, ya lo somos de alguna forma. Pero ahora iba a ser oficial. Se llevaban muy bien, hasta habíamos probado vivir juntos todos por un mes para ver como funcionaba; todo iba de maravilla, por lo menos Flor y yo lo veíamos así. Obviamente mis hermanos por el contrario, nunca se llevaron con la idea de vivir juntos como familia. No era algo lindo para ellos, ver a mamá con un hombre nuevo. Por suerte no era por el capricho de que ese hombre no fuera papá como los hijos normales, ya que el estaba casado y tenía otro hijo en Estados Unidos. Me pareció mas por el hecho de que ellos se sentían tocados por no ser ya los “hombres de la familia”, ja, como si importara; mamá llevaba los pantalones en casa y luego yo.
Pero con tal de ver a mamá feliz, se mancaban cualquier cosa, en eso son buenos no puedo negarlo, nunca hicieron infeliz a mamá. Ellos saben todo lo que luchó por llevarnos adelante sola de alguna manera, nunca nos faltó dinero, siempre trabajo muy duro para llegar a donde esta y papá nunca dejó de pasar la mensualidad que nos correspondía y a veces un poco más, pero de todas maneras, era una madre soltera.
Sergio, mi padre, vive desde que tengo 5 años en Estados Unidos con su mujer Fernanda y su hijo Pablo. El es más grande que yo, así que por lo tanto, mi padre obviamente engañó a mi madre con esa señora. Mamá lo había dejado atrás, nunca nos hizo saber que le dolía; yo la veía llorando de vez en cuando sola en su cuarto por las noches, muy tarde. Duró poco tiempo el llanto, es una mujer fuerte. Nunca le dije nada, no quería hacerle más mal. Tampoco le tengo rencor a papá, si mamá no lo tenía ya, ¿por qué debería tenerlo yo? Es mi padre después de todo. Bueno, eso es lo que mi madre me dice: “sigue siendo tu padre”.
Renzo también estaba feliz de esta nueva familia que habíamos creado, el es el hermano mayor de Flor. Son muy parecidos entre si, ahora tiene 21, es un chico guapo, tiene unos ojos azules hermosos, es alto, el si era alto, debía de medir como dos metros. Era jugador de básquet a medio tiempo y el otro estudiaba en la facultad de Ciencias en Uruguay, ahí era en donde vivía ahora. Cada vacación, cada fin de semana largo y otros momentos como este, viajaba para aquí.
Nosotras, estábamos más que felices de vivir juntas, nunca nos mató la convivencia y eso obviamente fortaleció nuestra amistad. Pero para mamá y Jorge no era tan bueno, no les sentó bien, discutieron mucho y se terminaron por separar. Lloramos mucho con Flor, pero supimos que íbamos a hacer amigas de todos modos y lo tomamos como si hubieran sido unas lindas vacaciones.
Yo de todas maneras tenía una muy linda relación con Jorge, de la misma manera que Flor tenía una linda relación con mi mamá. Nos sentíamos como hijas biológicas separadas, una se había ido con su madre y otra con su padre. Jorge era eso para mí, un padre y mamá era eso para Flor, una madre. Y ellos nos consideraban como hijas. Era lindo. Por eso mi mamá le perdonaba a Flor que siempre me metiera en problemas.
Aunque Manuel y Emiliano no querían saber nada sobre Jorge, simple capricho. El hermano de Flor y el mismo Jorge, aún nos quería y eramos familia para él.
Jorge era Ingeniero de Sistemas igual que mamá, fue por eso también que se empezaron a frecuentar, ella de vez en cuando tenía algún trabajo en el pueblo y como el era el único Ingeniero, sin contarla a mamá, inevitablemente tenían proyectos juntos. Todavía lo hacen, pero por suerte tienen una buena relación. Él no viaja mucho, tiene otro tipo de trabajo aquí en el pueblo, es más caritativo que mamá. Quiere ayudar al pueblo con proyectos nuevos para atraer turistas y cosas así. El seguía enamorado de mi madre, siempre se notó, tampoco se esforzaba por esconderlo. Yo supongo que era para que le comentara a mi madre sobre eso, así quizás podría movilizar desde algún punto a mamá. Pero ella era un poco más dura con esas cosas, no quería meternos en temas de esos a sus hijos, menos a mis hermanos. Aunque no estaba segura de si no lo quería todavía.
Luego de decir que no a su jugo, subí al cuarto de Flor rápidamente.

Y subí, sufrí un poco por lo que iba a venir. Obviamente me iba a preguntar en ¿donde andaba? ¿Que había pasado? Y todo el cuestionario que iba a ser peor de lo que me imaginaba. Pero bueno, no podía esconderle nada y menos eso. A parte yo me había acudido antes a su casa, no podía quejarme, ni tampoco pude hacer una historia un poco menos chocante para que ella no se asustara de la reacción extraña que estaba teniendo.
Llegué a la puerta, respiré profundo y abrí.
- ¡¡Hola!!
- Ali, creí que ibas a llegar más tarde, me dijiste dos horas ¿no?
- Si, si, pero no quería estar sola en casa.
- Está bien, igual sabes que esta es tu casa. Pero ¡¡YA!! señorita me cuenta en donde andaba metida.
Le conté todo como había pasado, esta vez sin lujo de detalles claro estaba el porqué; me reprocho alguna que otra cosa por momentos.
Al terminar mi historia comenzó a chillar como nunca antes, llegué a asustarme, me dijo que estaba loca, que mis reacciones eran demasiadas hasta para ella. La intenté tranquilizar diciéndole que nada había pasado, que el había sido bueno conmigo, pero nada funcionó. Pretendí contarle todo, claro, menos el hecho de que en este mismo momento tenía unas imperiosas ganas de volver a ese lugar en este mismo instante.
Luego de dos minutos de silencio, suspiró largamente y me dijo que lo olvidaría todo, que haría como si no le hubiese contado nada, prometiéndole que no lo volvería hacer. Se lo prometí, pero con todos los dedos cruzados.
- Voy a arreglarte un poquito más, no todos los días salimos a un baile nuevo. Es algo súper “Wow” – lo entonó y rió sarcásticamente – así que vamos a ponerte una ropita un poco más hot, vamos a pintarte un poquito más y a arreglar ese pelo. Que seas linda no significa que no te tengas que arreglar muñeca – me hizo una guiñada cómplice y rió. Exhalé por la idea de que Flo por lo menos por ahora había dejado de lado verdaderamente el tema. Rechacé de mil formas sin éxito la propuesta de tomarme como muñeca para sus juegos de belleza. Me probé ropa suya durante una hora hasta que decidió que la mejor de todas era una pollera de Jean celeste, una remera blanca de tiras, un cinto blanco y unas sandalias sin taco, que fue lo único que pude negociar. El pelo me lo arregló un poco más enrulado de lo común y me pintó, debo de decir que no estuvo tan mal, pudo ser peor, quizás fuese porque esta vez estaba de mejor humor para aguantar este tipo de cosas. Aduló durante un rato lo genial que le había quedado el maquillaje y el vestuario en ambas. Al terminar, nos marchamos en mi auto, era el que estaba más a mano, el camino fue tranquilo, divertido, escuchando música y cantando todo el viaje. O mejor dicho chillando todo el viaje.